¿Estoy preparada para hacer una formación de profesores de yoga? Esta es una de las preguntas que más escucho entre personas que llevan un tiempo practicando y empiezan a sentir curiosidad por profundizar en el yoga o incluso por enseñarlo. Muchas creen que antes de empezar una formación deberían practicar mejor, ser más flexibles, dominar determinadas posturas o llevar muchos años haciendo yoga. Pero realmente ¿sabes lo que necesitas aprender para enseñar de verdad?
Pero yo empezaría por otra pregunta: ¿Para qué quieres hacer una formación de profesores de yoga? Porque formarse para enseñar yoga no consiste simplemente en aprender más asanas ni en obtener un certificado. Una buena formación debería cambiar tu manera de practicar, de observar y de comprender el yoga y, sobre todo, debería ayudarte a desarrollar algo que considero fundamental para cualquier profesora: criterio.
¿Qué se aprende realmente en una formación de profesores de yoga?
Cuando eres alumna puedes seguir una clase. Escuchas una instrucción, intentas comprenderla y la llevas a tu cuerpo. Pero cuando estás al otro lado de la sala ocurre algo completamente diferente. Ahora tienes delante diez, quince o veinte cuerpos distintos. Una persona tiene las rodillas en valgo, otra presenta una gran hiperlaxitud, otra apenas puede mover los hombros, otra tiene miedo y otra intenta hacer exactamente lo mismo que la persona que tiene al lado aunque su cuerpo necesite algo completamente diferente.
Y tú tienes que observar, tomar decisiones, dar instrucciones, adaptar, utilizar soportes cuando sean necesarios y comprobar qué sucede después de cada intervención. Por eso, una formación de profesores de yoga debería enseñarte mucho más que un repertorio de posturas. Debería enseñarte a mirar.
Aprender a observar una postura de yoga
Imaginemos algo aparentemente sencillo: Vrksasana, la postura del árbol. Una alumna entra en la postura y consigue mantenerse en equilibrio. ¿Está bien hecha? Esta pregunta, en realidad, me interesa bastante poco. Prefiero preguntarme: ¿Qué está ocurriendo en su cuerpo?
Empiezo observando el pie y la pierna de apoyo: cómo distribuye el peso, qué ocurre con el arco del pie y qué dirección siguen la rodilla y el fémur. Después observo la pelvis y compruebo si permanece organizada sobre la pierna de apoyo o si todo el cuerpo se desplaza lateralmente para conseguir mantener el equilibrio. También puedo encontrar una pelvis que se desplaza hacia atrás, un aumento innecesario de la curva lumbar o compensaciones que continúan hacia la columna, los hombros y el cuello.
En pocos segundos puedo encontrar muchas cosas. Pero aquí aparece una de las habilidades más importantes que debería desarrollar una profesora de yoga: no corregirlo todo.
Corregir una postura no significa señalar todos sus errores
Cuando una profesora empieza a aprender alineación es frecuente que quiera corregir cada detalle que observa: el pie, la rodilla, la pelvis, las costillas, los hombros, el cuello, los brazos, la mirada… Pero una persona no puede integrar ocho instrucciones simultáneamente y una clase tampoco debería convertirse en una sucesión interminable de órdenes.
Por eso, antes de corregir hay una pregunta fundamental: ¿Qué corregiría primero? Quizá la organización del pie cambie la dirección de toda la pierna; quizá al reorganizar la pierna cambie también la pelvis y quizá, al estabilizar la base, desaparezca una compensación que estábamos observando en la parte superior del cuerpo. Esto es enseñar. No consiste únicamente en saber detectar lo que no funciona, sino en establecer prioridades.
Mi manera de resumirlo es muy sencilla: OBSERVA. PRIORIZA. DA UNA INSTRUCCIÓN. Y VUELVE A OBSERVAR.
Porque después de una corrección siempre debería existir una nueva observación. Tenemos que comprobar qué ha cambiado, si nuestra instrucción ha funcionado, si ha mejorado una parte de la postura pero ha generado tensión en otra o si necesitamos mantener esa indicación, modificarla o probar algo diferente. Una profesora no debería limitarse a emitir instrucciones: tiene que aprender a observar sus efectos.
Aprender a utilizar los soportes con un propósito
Bloques, cinturones, mantas, sillas, pared, cuerdas… Los soportes pueden ampliar enormemente las posibilidades de una práctica de yoga. Pero utilizar soportes no significa simplemente colocar un ladrillo debajo de una mano porque hemos visto hacerlo así en otra clase. La pregunta siempre debería ser: ¿para qué estoy utilizando este soporte?
Podemos querer mejorar una acción, dar estabilidad, permitir que una persona permanezca más tiempo en una postura, reducir una dificultad o hacer más evidente una dirección que todavía no puede percibir. Incluso dos personas realizando la misma asana pueden necesitar soportes diferentes porque sus dificultades y necesidades no son las mismas.
Por eso, aprender a utilizar material también exige comprender qué estamos observando y qué queremos conseguir. El soporte no es el objetivo; es una herramienta pedagógica. Y precisamente el uso inteligente de soportes es una de las cosas que más puede enriquecer la enseñanza cuando comprendemos realmente para qué los utilizamos.
Aprender a secuenciar una clase de yoga
Este es otro de los grandes cambios que se producen cuando pasamos de practicar yoga a aprender a enseñarlo. Una alumna puede disfrutar perfectamente de una secuencia sin saber por qué está construida de determinada manera. Una profesora debería saberlo.
Secuenciar una clase de yoga no consiste en juntar posturas. Antes de elegir las asanas debería existir una pregunta: ¿qué quiero conseguir con esta práctica? A partir de ahí empiezan las decisiones. Tenemos que pensar qué acciones necesitamos trabajar, qué zonas del cuerpo debemos preparar, qué dificultades pueden aparecer, qué postura puede preparar a la siguiente, cómo vamos a aumentar progresivamente la complejidad o la intensidad y cómo queremos terminar la práctica.
Cuando una secuencia está bien construida, las posturas no aparecen de forma arbitraria. Cada una tiene una función dentro de un recorrido.
¿Por qué esta postura y por qué ahora?
Pensemos, por ejemplo, en Paryankasana. Podría enseñarte cómo colocar el cuerpo, cómo utilizar los soportes o qué acciones buscar en la postura. Pero para una profesora hay otra cuestión igualmente interesante: ¿Por qué Paryankasana aparece aquí? ¿Por qué en este momento de la clase? ¿Qué hemos hecho antes, qué estamos preparando y qué va a ocurrir después?
Estas preguntas son muchísimo más interesantes que memorizar una secuencia completa. De hecho, cuando trabajo secuenciación con mis alumnas no quiero que aprendan de memoria mis clases. Quiero que aprendan a hacerse constantemente tres preguntas: ¿Por qué esta postura?, ¿Por qué ahora?, ¿Qué debería venir después?
Cuando empiezas a responderlas, empiezas a comprender realmente cómo secuenciar una clase de yoga.
Una profesora de yoga necesita comprender las relaciones entre las posturas
Las asanas no son elementos aislados. Existen acciones que aparecen una y otra vez y que podemos reconocer en diferentes familias de posturas. Una acción que has aprendido en una postura de pie puede ayudarte posteriormente en una flexión hacia delante; la comprensión de la pelvis en una postura básica puede resultar fundamental cuando llegues a una postura mucho más compleja; una acción de los hombros que has trabajado previamente puede preparar una inversión.
Por eso las posturas básicas son tan importantes. No lo son únicamente porque sean “más fáciles”, sino porque son el lugar en el que aprendemos acciones que después aparecerán en situaciones cada vez más complejas. Cuando comprendes estas relaciones, dejas de ver el yoga como un catálogo de asanas y empiezas a comprender un sistema.
Enseñar yoga también significa aprender a adaptar
Uno de los mayores errores que podemos cometer como profesores es intentar que todas las personas hagan exactamente la misma postura de la misma manera. No tenemos cuerpos idénticos. Tampoco tenemos la misma edad, historia corporal, movilidad, fuerza, experiencia ni capacidad de percepción.
Por eso enseñar yoga requiere aprender a observar diferencias. Tenemos que saber cuándo una persona necesita un soporte o una variante, cuándo podemos pedirle algo más y cuándo deberíamos simplificar. También necesitamos distinguir cuándo una dificultad forma parte del proceso natural de aprendizaje y cuándo estamos exigiendo algo que, para esa persona y en ese momento, no tiene sentido.
La enseñanza empieza a ser verdaderamente interesante cuando dejamos de enseñar solamente posturas y empezamos a enseñar a personas.
¿Necesito hacer posturas avanzadas para ser profesora de yoga?
No necesitas realizar las posturas más espectaculares para empezar una formación de profesores de yoga. Ser capaz de hacer una asana compleja no te convierte automáticamente en buena profesora, del mismo modo que no realizar determinadas posturas no significa que no puedas aprender a enseñar.
Evidentemente, una profesora necesita practicar y debería seguir practicando durante toda su vida. Nuestra propia práctica es nuestro laboratorio. Pero enseñar requiere otras capacidades además de la ejecución física: observar, comprender, comunicar, adaptar, secuenciar y seguir estudiando. Tu capacidad como docente no puede medirse exclusivamente por la dificultad de las posturas que puedes realizar.
Entonces, ¿cómo saber si estás preparada para hacer una formación de profesores de yoga?
Quizá no necesites preguntarte si ya sabes suficiente. Precisamente hacemos una formación porque todavía tenemos mucho que aprender. Puedes preguntarte, en cambio, si tienes curiosidad por comprender lo que haces, si quieres dejar de limitarte a seguir instrucciones, si te interesa entender el cuerpo y las acciones de las posturas y si quieres saber por qué una secuencia está construida de determinada manera.
También puedes preguntarte si estás dispuesta a practicar, estudiar, observar a otras personas, equivocarte y volver a observar. Puede que quieras convertirte en profesora de yoga, puede que todavía no lo sepas o puede que simplemente quieras profundizar muchísimo más en tu propia práctica. Las tres razones son válidas.
Porque una buena formación de yoga no debería servir únicamente para formar profesores. Debería formar también practicantes más conscientes, autónomos y capaces de comprender lo que hacen.
Qué buscar en una formación de profesores de yoga de 200 horas
Si estás comparando distintas formaciones de profesores de yoga de 200 horas, no te fijes únicamente en el número de horas o en el certificado que recibirás al terminar. Mira el contenido y, sobre todo, pregunta cómo va a ser el aprendizaje.
Una formación sólida debería abordar aspectos como la práctica de asana, la alineación, la anatomía aplicada al yoga, la observación, las adaptaciones, el uso de soportes, la secuenciación, la práctica personal, el pranayama y la filosofía del yoga. Pero también debería darte oportunidades reales para aprender a enseñar, recibir feedback y trabajar con cuerpos y situaciones diferentes.
Y hay una pregunta que para mí es fundamental: ¿Esa formación va a ayudarte a desarrollar tu propio criterio? Porque llegará un momento en el que estarás sola delante de tus alumnos y entonces no podrás limitarte a recordar cómo lo hacía tu profesora. Tendrás que observar lo que está ocurriendo delante de ti y tomar una decisión.
De alumna a profesora: el verdadero cambio
Para mí, esta es una de las transformaciones más bonitas que se producen durante una formación. Al principio practicas y después empiezas a observar. Poco a poco comienzas a relacionar unas cosas con otras, comprendes por qué hacemos algo, reconoces acciones, detectas compensaciones, utilizas un soporte con una intención concreta, construyes una secuencia con un objetivo y aprendes a decidir qué corregir y qué dejar para otro momento.
Y llega un día en el que ya no estás simplemente reproduciendo lo que has aprendido. Estás empezando a pensar como profesora.
Ese es, para mí, el verdadero cambio. No saber más nombres de posturas, conseguir una asana espectacular o acumular un certificado más. El verdadero cambio es desarrollar criterio.
¿Quieres empezar a aprender para enseñar yoga de verdad?
Si todavía no sabes si una formación de profesores de yoga es para ti, puedes empezar por algo mucho más sencillo: comienza a observar tus propias clases. Cuando tu profesora introduzca una postura, pregúntate por qué aparece en ese momento, qué está preparando, qué acción se repite, qué ha cambiado respecto a la postura anterior y qué ocurriría si modificáramos el orden.
Ese pequeño cambio puede transformar completamente tu manera de practicar.
Si quieres empezar a construir tus propias clases, he preparado una guía gratuita: “Diseña tu primera clase en 30 minutos”. En ella encontrarás una estructura sencilla para dejar de juntar posturas y empezar a construir una práctica con intención.
Y si sientes que ha llegado el momento de dar un paso mucho más profundo, mi formación TT-200 ENCOR Esencial está diseñada precisamente para eso: aprender las bases de la enseñanza, la observación, la alineación, la secuenciación y la práctica con criterio.
Porque enseñar yoga no consiste en tener todas las respuestas.
Consiste en aprender a mirar mejor.

