La relación entre yoga y escoliosis es un tema especialmente interesante para quienes enseñamos yoga, porque nos obliga a observar la columna vertebral con una atención mucho mayor de la habitual.
Encontrar alumnos con escoliosis en una clase de yoga no es algo excepcional. De hecho, muchas personas conviven con escoliosis leves sin ser conscientes de ello. No siempre producen dolor ni limitaciones importantes y, en ocasiones, se descubren de manera casual durante una exploración médica.
Otras personas llegan a clase con un diagnóstico conocido, con molestias de espalda o con cambios en su columna que han aparecido o se han acentuado con los años.
Y cada una de ellas necesita algo diferente.
Cuando hablamos de yoga y escoliosis, no se trata simplemente de intentar enderezar una espalda desviada. Se trata de comprender cómo se organiza esa columna, reconocer sus asimetrías y aprender a trabajar con ellas.
La escoliosis no afecta únicamente a la forma de la columna. También puede modificar la posición de las costillas, la organización de la pelvis, las tensiones musculares y, en algunos casos, la mecánica respiratoria.
Por eso, cuando una persona con escoliosis llega a mis clases, no empiezo buscando una postura que corrija su desviación.
Lo primero que necesito es observar.
Y, siempre que sea posible, conocer las características de su escoliosis, su diagnóstico y las recomendaciones de los profesionales sanitarios que la atienden.
A partir de ahí podemos utilizar las diferentes familias de asanas, los soportes y, en determinados casos, las cuerdas de Yoga Kurunta para explorar nuevas posibilidades de movimiento, desarrollar fuerza y estabilidad y mejorar la percepción corporal.
Pero hay algo que quiero dejar claro desde el principio: no existe una única manera de practicar yoga cuando tenemos escoliosis.
¿Qué es la escoliosis y cómo afecta a la columna vertebral?
La escoliosis es una alteración tridimensional de la columna vertebral.
Aunque habitualmente la describimos como una desviación lateral, en la escoliosis estructural también existe rotación vertebral y pueden aparecer modificaciones en la organización de la caja torácica y del tronco.
Por eso, una escoliosis no puede comprenderse únicamente mirando a una persona desde atrás.
La rotación de las vértebras puede modificar la posición de las costillas, crear diferencias entre ambos lados del tórax y alterar la manera en que se distribuyen las cargas y las tensiones musculares.
En algunas personas observaremos un hombro más elevado, una diferencia en la cintura o una pelvis que parece desplazada. En otras, las asimetrías serán mucho menos evidentes.
También debemos distinguir entre las desviaciones posturales o funcionales y las escoliosis estructurales.
Una asimetría que observamos durante una clase no constituye, por sí misma, un diagnóstico de escoliosis. Su identificación y caracterización corresponden a los profesionales sanitarios, que pueden recurrir a pruebas de imagen cuando están indicadas.
Y no todas las escoliosis son iguales.
Importan la localización de las curvas, su magnitud, la rotación vertebral, la edad, el grado de movilidad de la columna, la existencia de dolor y los posibles tratamientos previos.
Esta diversidad explica por qué no tiene sentido recomendar exactamente los mismos ejercicios a todas las personas con escoliosis.
La escoliosis es más frecuente en nuestras clases de lo que pensamos
Quienes llevamos años enseñando yoga sabemos que no todos los alumnos llegan a clase con una columna perfectamente simétrica.
Y tampoco necesitan tenerla.
Las pequeñas diferencias entre ambos lados del cuerpo son habituales. Algunas responden a nuestros hábitos de movimiento, a la organización de la pelvis o a las actividades que realizamos cotidianamente.
Otras pueden estar relacionadas con una escoliosis que la persona ya conoce o que nunca ha sido diagnosticada.
Esto es especialmente importante porque una escoliosis leve puede pasar inadvertida durante muchos años.
Pero existe otra situación que merece una atención especial en las clases de yoga para adultos.
La escoliosis degenerativa: cuando la columna cambia con la edad
Con el paso de los años pueden aparecer cambios degenerativos en la columna vertebral: desgaste de los discos intervertebrales, artrosis de las articulaciones vertebrales y modificaciones en la estabilidad de determinados segmentos.
Cuando estos cambios se producen de manera desigual, pueden favorecer la aparición de una desviación progresiva de la columna. Es lo que conocemos como escoliosis degenerativa del adulto.
En otros casos, una escoliosis que ya existía desde la juventud puede progresar con la edad.
Conviene aclarar que tener artrosis vertebral no significa necesariamente que vaya a desarrollarse una escoliosis. Sin embargo, los cambios degenerativos pueden participar en su aparición o evolución.
Y aquí no estamos hablando únicamente de una diferencia en la forma de la espalda.
Algunas personas presentan dolor lumbar, rigidez, fatiga muscular o dificultades para permanecer de pie y caminar durante periodos prolongados.
Cuando existen alteraciones que afectan a las estructuras nerviosas, también pueden aparecer dolor, hormigueo o debilidad en las piernas.
Por supuesto, no todas las personas con escoliosis degenerativa presentan estos síntomas.
Pero cuando aparecen, la práctica de yoga exige una atención especial.
No podemos abordar del mismo modo una escoliosis leve, flexible y sin síntomas que una columna con cambios degenerativos importantes, dolor o limitaciones funcionales.
En estos casos, la información clínica y la colaboración con profesionales sanitarios especializados resultan especialmente valiosas.
Y hay una cuestión que considero fundamental: más movilidad no siempre significa una columna que funciona mejor.
En ocasiones necesitaremos desarrollar estabilidad, reducir determinadas amplitudes o modificar por completo una postura.
Conocer las curvas de la escoliosis antes de intervenir
Cuando trabajamos con una persona que tiene escoliosis, no basta con saber que su columna está desviada.
Necesitamos comprender, en la medida de lo posible, cómo se organiza esa desviación.
¿La curva es torácica, lumbar o toracolumbar? ¿Existe una única curva o varias? ¿Hacia dónde se dirige su convexidad? ¿Hay rotación vertebral? ¿Cómo se organiza la caja torácica respecto a la pelvis?
Estas preguntas son importantes porque la escoliosis es una alteración tridimensional.
No podemos interpretarla únicamente observando una desviación lateral.
La rotación de las vértebras, las diferencias entre las zonas cóncavas y convexas y la relación entre las distintas curvas condicionan la manera en que la columna responde al movimiento y a las fuerzas que aplicamos.
Además, algunas curvas son más flexibles y otras presentan una rigidez estructural considerable.
Por eso, una misma postura puede necesitar acciones muy diferentes según las características de cada persona.
En ocasiones podemos buscar una mayor extensión axial, explorar la movilidad de una zona que presenta restricciones o introducir una resistencia para desarrollar estabilidad muscular.
En otras, necesitaremos modificar la dirección de un empuje, cambiar un punto de apoyo o reducir la amplitud de un movimiento.
Y no podemos decidir estas acciones basándonos únicamente en lo que vemos desde fuera.
Cuando existe un diagnóstico, conocer la valoración clínica y las características de las curvas resulta especialmente útil.
La observación durante la práctica nos ayuda a comprender cómo responde el cuerpo, pero no sustituye la información que proporciona una evaluación especializada.
Esto es particularmente importante en las escoliosis degenerativas, donde pueden coexistir artrosis, alteraciones discales, rigidez o síntomas neurológicos.
No se trata de aplicar fuerzas para corregir una curva sin más, sino de comprender qué queremos conseguir, sobre qué zona estamos trabajando y cómo responde la persona.
Yoga y escoliosis: ¿Qué beneficios puede aportar la práctica?
El yoga puede ser una herramienta complementaria interesante para las personas con escoliosis, siempre que se adapte a sus características y necesidades.
La práctica nos ofrece recursos para explorar la movilidad, desarrollar fuerza, mejorar la estabilidad y ampliar nuestra conciencia corporal.
Pero es importante distinguir entre los beneficios funcionales que podemos conseguir y la modificación estructural de una curva escoliótica.
Mejorar la conciencia corporal
Muchas de nuestras asimetrías pasan inadvertidas en la vida cotidiana. Quizá cargamos habitualmente más peso sobre una pierna, elevamos un hombro al mover los brazos o giramos el tronco con mayor facilidad hacia un lado. La práctica de asanas nos invita a prestar atención a estos pequeños detalles.
Cuando aprendemos a reconocerlos, disponemos de más información para organizar nuestros movimientos.
Trabajar la movilidad disponible
La escoliosis puede acompañarse de diferencias de movilidad entre distintas zonas de la espalda. A través de las posturas podemos explorar movimientos de extensión, inclinación lateral y rotación, siempre respetando las posibilidades individuales.
El objetivo no es conseguir la máxima amplitud, sino desarrollar un movimiento más consciente y mejor controlado.
Desarrollar fuerza y estabilidad
Una columna necesita movilidad, pero también capacidad para sostenerse. Por eso, el trabajo de fuerza y estabilidad debe formar parte de una práctica equilibrada. Podemos utilizar las posturas y los soportes para introducir resistencias específicas, favorecer determinadas acciones musculares y mejorar el control del tronco.
No se trata de asumir que un lado de la espalda está siempre débil y el otro acortado. Necesitamos observar cómo responde cada zona y qué capacidades conviene desarrollar.
Explorar la respiración
La organización de la caja torácica puede verse modificada por la rotación vertebral. Esto hace especialmente interesante observar cómo se mueven las costillas durante la respiración y qué diferencias percibimos entre ambos lados del tronco.
El trabajo respiratorio debe realizarse sin forzar ni intentar imponer una expansión idéntica en todas las zonas.
Encontrar posiciones de descanso
En ocasiones, las personas con escoliosis experimentan fatiga o molestias musculares. Las posturas restaurativas adaptadas pueden ofrecer posiciones cómodas para descansar, reducir el esfuerzo muscular y prestar atención a la respiración.
Son beneficios valiosos, aunque no implican necesariamente una modificación de la curva escoliótica.
La alineación y los soportes en el trabajo con escoliosis
Mi manera de enseñar está profundamente influida por las enseñanzas de B. K. S. Iyengar y por los profesores con los que he tenido la oportunidad de estudiar.
La precisión en las acciones, la observación individual y el uso de soportes forman parte esencial de mi práctica y de mi enseñanza. Una de las cuestiones que más me interesa es observar las diferencias entre ambos lados del cuerpo.
- Cuando practicamos Tadasana, por ejemplo, podemos descubrir que no distribuimos el peso de la misma manera entre los dos pies.
- En Utthita Trikonasana quizá observemos que el tronco responde de manera muy distinta cuando realizamos la postura hacia la derecha o hacia la izquierda.
- Y en una extensión axial sencilla podemos percibir que un lado de la espalda parece alargarse con facilidad mientras el otro ofrece mayor resistencia.
Estas diferencias no significan necesariamente que estemos haciendo mal la postura, son información.
El problema aparece cuando pretendemos que todos los cuerpos reproduzcan exactamente la misma forma exterior, sin atender a sus particularidades.
En una persona con escoliosis, una instrucción aparentemente simétrica puede provocar respuestas muy diferentes. Pedir que eleve ambos brazos, que gire el tronco o que mantenga las dos caderas a la misma altura no garantiza que la acción se distribuya de manera equilibrada por toda la columna. Por eso, la enseñanza requiere algo más que conocer las instrucciones de una asana. Necesitamos observar qué sucede cuando las damos.
Y, a partir de esa respuesta, decidir si debemos mantenerlas, modificarlas o introducir algún apoyo.
Lo que aprendí en una clase de yoga terapéutico con Patxi Lizardi
Hace años tuve la oportunidad de asistir a una clase de yoga terapéutico con Patxi Lizardi, acompañando a uno de mis alumnos, Álvaro, que tenía escoliosis.
Recuerdo aquella experiencia con especial interés porque pude observar cómo se abordaba una situación concreta, estudiando las particularidades de su columna y adaptando las acciones de las posturas a sus necesidades.
Trabajamos con diferentes acciones de extensión y empuje, buscando intervenir de manera específica sobre determinadas zonas del tronco.
Aquella clase me ayudó a comprender mejor que el trabajo con escoliosis no consiste simplemente en seleccionar unas posturas, sino en estudiar qué queremos conseguir con cada una de ellas. En algunos casos podemos buscar mayor movilidad o sensación de espacio en determinadas regiones; en otros, desarrollar fuerza y estabilidad muscular. Y las direcciones de las fuerzas que aplicamos, los puntos de apoyo y la respuesta individual son fundamentales. Pero, sobre todo, aquella experiencia reforzó una idea que considero esencial: cada escoliosis es diferente y requiere una observación cuidadosa.
No existe una secuencia universal que podamos aplicar indistintamente a todas las personas.
La importancia de crear acciones dentro de las posturas
Una de las cuestiones más interesantes de este trabajo es comprender la diferencia entre colocar el cuerpo en una postura y crear una acción dentro de ella.
Podemos utilizar el apoyo de una mano para generar un empuje, modificar la dirección de extensión del tronco o introducir una resistencia muscular. Externamente, la postura puede parecer casi idéntica, pero el trabajo cambia.
En ocasiones buscamos crear una mayor sensación de espacio en determinadas zonas mediante acciones de extensión axial y apoyos cuidadosamente colocados. En otras, necesitamos desarrollar fuerza en músculos que muestran menor capacidad de activación o sostén. Y aquí aparece una cuestión fundamental: no basta con saber qué postura vamos a realizar. Necesitamos comprender qué fuerzas estamos aplicando, en qué dirección y con qué finalidad.
La posición de las manos, el apoyo de los pies, la colocación de una silla o la dirección de un empuje pueden modificar considerablemente la experiencia.
Por eso, en el yoga aplicado a la escoliosis, la precisión es mucho más importante que la amplitud de movimiento.
No buscamos forzar una corrección de la curva, sino desarrollar acciones que ayuden a la persona a mejorar su movilidad, su estabilidad y su capacidad de organizar el cuerpo.
La importancia del profesor en la práctica de yoga con escoliosis
Aunque existen secuencias y ejercicios que una persona con escoliosis puede aprender a practicar de manera autónoma, el acompañamiento de un profesor con experiencia en adaptación individual resulta especialmente valioso.
Y no me refiero únicamente a alguien que conozca muchas posturas. Me refiero a un profesor capaz de observar cómo se organiza el cuerpo del alumno, comprender las acciones que se producen durante la práctica y decidir cómo intervenir. Cuando existe escoliosis, no siempre es fácil percibir qué está sucediendo en las distintas zonas de la espalda. Una persona puede sentir que está alargando ambos lados del tronco por igual cuando, en realidad, el movimiento se está produciendo principalmente en una región.
Aquí la observación externa puede aportar información muy valiosa. El profesor puede modificar la posición de los pies, cambiar la altura de un apoyo, indicar una dirección de empuje o introducir una resistencia específica para ayudar al alumno a comprender mejor la acción. En determinadas circunstancias también puede utilizar ajustes manuales, presiones suaves o contactos de referencia para facilitar la percepción de una zona o de una dirección de movimiento.
Pero estas intervenciones requieren conocimiento, consentimiento y especial prudencia.
No se trata de presionar una columna para enderezarla ni de forzar una corrección, sino de acompañar acciones adecuadas a las características de esa persona.
Una misma instrucción puede producir respuestas diferentes en dos alumnos con escoliosis.
Incluso puede ser necesario modificarla entre un lado y otro del cuerpo.
Por eso, el trabajo del profesor no termina cuando explica una postura. Debe observar qué sucede, valorar la respuesta y ajustar la práctica. Y, por supuesto, conocer sus propios límites: cuando existen alteraciones estructurales importantes, dolor persistente o síntomas neurológicos, la colaboración con profesionales sanitarios especializados es esencial.
La verdadera capacidad de adaptación no consiste en tener muchas variaciones de una postura, sino en saber cuál utilizar, para quién, en qué momento y con qué finalidad.
¿Qué posturas de yoga podemos practicar si tenemos escoliosis?
No existe una lista universal de posturas buenas o malas para la escoliosis.
Una misma asana puede resultar útil para una persona, necesitar modificaciones importantes para otra o no ser adecuada en determinadas circunstancias.
Lo interesante es comprender qué posibilidades nos ofrece cada familia de posturas.
Posturas de pie: construir estabilidad desde la base
Las posturas de pie nos permiten estudiar la relación entre los pies, las piernas, la pelvis y la columna.
En Tadasana podemos observar cómo distribuimos el peso y qué ocurre cuando intentamos crecer desde la base de los pies hasta la coronilla.
En Utthita Trikonasana y Utthita Parsvakonasana aparecen oportunidades para investigar la organización lateral del tronco.
También podemos utilizar la pared o una silla para reducir las exigencias del equilibrio y prestar más atención a las acciones que queremos estudiar.
No se trata de exigir que ambos lados se comporten de manera idéntica, sino de comprender sus diferencias y trabajar con ellas.
Extensiones axiales: crear espacio sin forzar
Una de las acciones que más me interesa explorar es la elongación axial de la columna.
Pero alargar la columna no significa tirar de ella con fuerza ni intentar eliminar sus curvas naturales.
Buscamos una sensación de crecimiento que permita organizar mejor el tronco sin introducir tensiones innecesarias.
Ardha Uttanasana con las manos apoyadas en una pared o una silla puede ofrecer una referencia útil para investigar esta acción.
La altura del apoyo, la posición de la pelvis y la distancia entre los pies y las manos modificarán considerablemente la experiencia.
Por eso, incluso una postura aparentemente sencilla requiere atención.
Flexiones laterales y torsiones: explorar las diferencias
Las inclinaciones laterales y las torsiones pueden ayudarnos a reconocer las distintas posibilidades de movimiento de la columna.
Sin embargo, en presencia de escoliosis no conviene asumir que debemos estirar siempre el lado cóncavo o girar en una dirección determinada.
La forma de las curvas, la rotación vertebral y la respuesta individual condicionan las acciones apropiadas.
Una torsión que resulta agradable y organizadora para una persona puede generar molestias en otra.
Por eso prefiero trabajar progresivamente, utilizar apoyos cuando sean necesarios y observar la respuesta antes de aumentar la amplitud.
Posturas de fuerza: desarrollar capacidad de sostén
El trabajo muscular tiene una importancia especial.
No buscamos únicamente movilizar la espalda, sino desarrollar la capacidad de sostener el tronco y controlar los movimientos.
Las posturas de pie, determinadas acciones de brazos y piernas y las resistencias proporcionadas por soportes pueden formar parte de este trabajo.
La elección dependerá de las características de la escoliosis y de las capacidades de la persona.
En una columna con cambios degenerativos importantes, por ejemplo, puede resultar más apropiado trabajar con amplitudes reducidas y apoyos estables que intentar realizar posturas exigentes.
Posturas restaurativas: descansar también es trabajar
Las posturas restaurativas pueden ser especialmente interesantes cuando existe fatiga, tensión muscular o dificultad para encontrar una posición cómoda.
Las mantas, los bolsters y otros soportes permiten modificar la relación del cuerpo con la gravedad y reducir parte del esfuerzo necesario para sostener una postura.
Esto facilita la observación de la respiración y de las distintas zonas del tronco.
En ocasiones, el trabajo más útil no consiste en pedir más movimiento, sino en ofrecer las condiciones necesarias para que la persona pueda descansar sin aumentar sus molestias.
Los soportes: herramientas para comprender mejor la columna
Una pared, una silla, un cinturón, unas mantas o un bolster pueden transformar completamente la experiencia de una postura.
Pero el soporte no es un simple accesorio para facilitar una asana.
Puede proporcionar una referencia, modificar la dirección de una fuerza, permitir que una zona del cuerpo descanse o ayudar a dirigir una acción muscular.
En el trabajo con escoliosis, estas posibilidades resultan especialmente interesantes.
Una pared puede ayudarnos a observar cómo se distribuye el peso.
Una silla puede proporcionar estabilidad para explorar la elongación axial sin que el equilibrio se convierta en la principal dificultad.
Un cinturón puede ofrecer una resistencia que permita comprender mejor una determinada acción.
Y un apoyo cuidadosamente colocado puede modificar la posición del tronco para facilitar una práctica más cómoda.
La clave está en saber por qué utilizamos cada soporte.
No se trata de añadir materiales indiscriminadamente, sino de elegir aquellos que respondan a una necesidad concreta.
Yoga Kurunta y escoliosis: las posibilidades del trabajo con cuerdas
El Yoga Kurunta es una de las herramientas que más posibilidades ofrece para investigar la columna vertebral.
Mediante las cuerdas y los puntos de anclaje podemos modificar las condiciones en las que realizamos una postura.
Esto nos permite explorar acciones que, en el suelo, podrían verse limitadas por la necesidad de mantener el equilibrio, soportar el peso del cuerpo o estabilizar simultáneamente demasiadas zonas.
Explorar la elongación axial
En determinadas posiciones con cuerdas podemos investigar la sensación de crecimiento y extensión de la columna.
El apoyo permite modificar la distribución de las cargas y dedicar más atención a cómo se organiza el tronco.
Pero es fundamental distinguir entre una sensación subjetiva de descompresión y una modificación estructural de la escoliosis. No son lo mismo.
Observar las diferencias entre ambos lados
Las cuerdas también pueden proporcionarnos referencias para percibir las asimetrías.
Al modificar la posición de los brazos, la pelvis o el tronco, podemos estudiar cómo responde cada lado de la espalda. Este trabajo exige especial cuidado. Una escoliosis es tridimensional, de modo que no basta con observar hacia dónde se inclina la columna. También debemos considerar la rotación y la organización de la caja torácica.
Aplicar fuerzas y resistencias específicas
Una de las posibilidades más interesantes de las cuerdas es que permiten modificar los puntos de apoyo y las direcciones de las fuerzas que actúan sobre el cuerpo.
En determinadas posturas podemos explorar acciones de empuje, extensión y resistencia que ayudan a estudiar la organización del tronco.
El trabajo puede orientarse a favorecer la movilidad de determinadas regiones o a desarrollar una mayor capacidad de sostén muscular.
Pero estas acciones deben seleccionarse individualmente, considerando las características de la escoliosis y la respuesta de la persona.
No se trata de aplicar una tracción indiscriminada ni de intentar enderezar la columna mediante la fuerza.
Se trata de utilizar las cuerdas con precisión y conocimiento.
Modificar las exigencias de una postura
Otra ventaja de Kurunta es la posibilidad de adaptar las condiciones de trabajo.
En determinadas posturas, las cuerdas permiten reducir las demandas del equilibrio o proporcionar una referencia que facilite el aprendizaje.
Pero también pueden generar fuerzas importantes sobre el cuerpo.
Por eso, no todas las suspensiones ni todas las tracciones son adecuadas para una persona con escoliosis.
La elección de la postura, la altura de los anclajes, la dirección de la fuerza y el tiempo de permanencia deben responder a una valoración individual.
Cómo organizar una secuencia de yoga cuando existe escoliosis
Cuando preparo una secuencia para una persona con escoliosis, no empiezo eligiendo las posturas más complejas.
Primero considero qué quiero observar y qué objetivo tiene esa práctica.
Puede ser mejorar la conciencia de la distribución del peso, explorar la movilidad torácica, trabajar la estabilidad de la pelvis o encontrar posiciones de descanso más cómodas.
Una organización posible consiste en comenzar con posturas sencillas de observación, continuar con acciones de elongación axial, introducir trabajo de movilidad y estabilidad y terminar con una fase restaurativa.
Primera fase: observación y conciencia corporal
Tadasana, con o sin apoyo en la pared, para estudiar la distribución del peso y la organización de la columna.
Segunda fase: elongación axial
Ardha Uttanasana con apoyo, ajustando la altura y la distancia para trabajar sin forzar.
Tercera fase: movilidad y estabilidad
Variaciones adaptadas de posturas de pie y movimientos del tronco, seleccionados según la respuesta de cada persona.
Cuarta fase: trabajo con soportes
Posturas con pared, silla o cuerdas, cuando resulten apropiadas y exista supervisión suficiente.
Quinta fase: descanso y respiración
Una posición restaurativa cómoda, con los apoyos necesarios para permitir un descanso real.
Esta organización es solo un ejemplo de cómo estructurar el trabajo.
No constituye una secuencia terapéutica universal ni debe interpretarse como una prescripción para todas las escoliosis.
De hecho, cuando conocemos las características de una curva y queremos realizar un trabajo específico, la elección de las posturas, las direcciones de los movimientos y las resistencias puede ser muy diferente.
Te dejo una secuencia de yoga para escoliosis que puedes descargar y adaptar a las características de tu columna. Lo ideal es revisarla con tu profesor para ajustar las posturas y las acciones a tus necesidades. Si ya tienes experiencia practicando yoga, puedes utilizarla como referencia para tu práctica personal, siempre respetando tus posibilidades y evitando forzar.
Secuencia General para la Escoliosis
Errores frecuentes al practicar yoga con escoliosis
Uno de los errores más habituales es pensar que debemos conseguir una espalda visualmente recta a cualquier precio.
Pero una posición que parece simétrica desde fuera no siempre implica una distribución equilibrada de las acciones dentro del cuerpo.
Otro error consiste en trabajar ambos lados de manera idéntica sin observar cómo responde la columna.
También debemos evitar las correcciones excesivamente intensas, especialmente cuando pretendemos aumentar una torsión, una flexión lateral o una tracción sin comprender bien la organización vertebral.
Y, por supuesto, no debemos pensar que utilizar más soportes equivale automáticamente a practicar con mayor seguridad.
Los apoyos necesitan una colocación adecuada y una finalidad concreta.
Otro error importante es confundir el estiramiento con la solución a cualquier problema de espalda.
En ocasiones necesitamos mejorar la movilidad.
En otras, desarrollar fuerza y estabilidad.
Y algunas veces lo más apropiado será reducir la intensidad y trabajar la percepción o el descanso.
Finalmente, debemos evitar aplicar recetas generales basadas únicamente en la dirección de una curva.
La escoliosis es tridimensional y su abordaje requiere considerar mucho más que la apariencia externa de la columna.
¿Puede el yoga corregir la escoliosis?
Esta es una de las preguntas más frecuentes.
La respuesta exige distinguir entre los cambios funcionales y los estructurales.
Una persona puede mejorar su fuerza, su movilidad, su equilibrio y su conciencia corporal sin que eso implique necesariamente una reducción de la curva escoliótica.
También puede aprender a organizarse mejor en determinadas posiciones y desarrollar estrategias para realizar sus actividades con mayor comodidad.
Son resultados valiosos por sí mismos.
Pero no sería riguroso prometer que una práctica de yoga va a corregir una escoliosis estructural.
El tratamiento depende de factores como la edad, la magnitud de la curva, su evolución y la presencia de síntomas.
En determinados casos será necesario seguimiento médico, fisioterapia especializada, corsé u otros tratamientos.
Existen métodos específicos de ejercicio terapéutico para la escoliosis que trabajan de manera individualizada sobre las características de las curvas. No debemos confundirlos automáticamente con una clase de yoga, por muy bien adaptada que esté.
El yoga debe ocupar el lugar que le corresponde: una herramienta complementaria de movimiento, aprendizaje y bienestar, adaptada a cada situación.
Libros recomendados sobre yoga y escoliosis
Para quienes desean profundizar en este tema, una de mis recomendaciones es Yoga and Scoliosis: A Journey to Health and Healing, de Marcia Monroe.
Publicado en 2011, el libro explora las particularidades de la escoliosis y las posibilidades del trabajo con asanas desde el enfoque del yoga Iyengar. Cuenta además con un prólogo de B. K. S. Iyengar.
Me interesa especialmente su atención a las asimetrías y a la complejidad de la alineación.
No se trata de memorizar unas cuantas posturas y aplicarlas indistintamente a todas las personas, sino de desarrollar una comprensión más profunda de la columna y de sus diferentes posibilidades de movimiento.
La lectura puede resultar especialmente útil para profesores de yoga interesados en aprender a observar y adaptar sus clases.
Como sucede con cualquier recurso de este tipo, las propuestas del libro deben interpretarse dentro de un contexto individual y no como sustitutas de una valoración clínica.
Preguntas frecuentes sobre yoga y escoliosis
¿Qué tipo de yoga es mejor para la escoliosis?
Más que elegir un estilo concreto, conviene buscar una enseñanza que permita adaptar las posturas, observar las asimetrías y respetar las limitaciones individuales.
El enfoque de alineación y el uso de soportes pueden ofrecer herramientas interesantes, siempre que se utilicen con conocimiento.
¿Se pueden hacer torsiones si tienes escoliosis?
No existe una respuesta válida para todas las personas.
Las torsiones deben adaptarse según las características de la columna, los síntomas y las indicaciones de los profesionales sanitarios que realizan el seguimiento.
No es recomendable forzar la amplitud ni aplicar reglas generales basadas únicamente en la dirección de la curva.
¿Es bueno estirar la espalda cuando hay escoliosis?
La movilidad puede formar parte de una práctica adaptada, pero estirar más no siempre significa trabajar mejor.
Debemos considerar qué estructuras participan, cómo se distribuye el movimiento y si la acción resulta apropiada para esa persona.
¿Qué ocurre si tengo escoliosis y artrosis?
La coexistencia de escoliosis y cambios degenerativos requiere especial atención.
La práctica debe adaptarse a la movilidad disponible, los síntomas y las posibles limitaciones funcionales.
Cuando existen dolor persistente, síntomas hacia las piernas o dificultades importantes para caminar, es necesario contar con una valoración sanitaria antes de plantear ejercicios específicos.
¿El Yoga Kurunta puede corregir la escoliosis?
No podemos afirmar que las cuerdas corrijan una escoliosis estructural.
El Yoga Kurunta puede ofrecer recursos para explorar la elongación, la movilidad, la estabilidad y la percepción corporal, pero no sustituye los tratamientos específicos.
¿Puedo practicar yoga con escoliosis en casa?
Dependerá de las características de la escoliosis, los síntomas y la experiencia previa.
Las prácticas sencillas que ya hayan sido adaptadas y enseñadas individualmente pueden ser una opción.
Las suspensiones, tracciones intensas y posturas complejas con cuerdas requieren supervisión cualificada.
Aprender a comprender la columna
La escoliosis nos recuerda algo que considero fundamental en la práctica y en la enseñanza del yoga: no todos los cuerpos necesitan las mismas instrucciones.
Podemos conocer perfectamente la forma de una asana y, aun así, no comprender qué está ocurriendo en la persona que tenemos delante.
Por eso, enseñar exige observar, interpretar y adaptar.
Y cuando hablamos de escoliosis, esa responsabilidad se hace todavía más evidente.
Necesitamos conocer las características de las curvas, comprender la presencia de rotaciones, observar las respuestas del cuerpo y elegir con criterio las acciones que proponemos.
El profesor no está ahí únicamente para demostrar una postura o repetir instrucciones.
Su papel es acompañar al alumno, ayudarle a comprender su cuerpo y administrar la práctica de acuerdo con sus posibilidades.
En ocasiones será necesario modificar una postura.
En otras, introducir un soporte, una resistencia o una indicación diferente.
Y otras veces tendremos que reconocer que una determinada acción no es apropiada para esa persona.
El objetivo no es conseguir que todas las columnas parezcan iguales.
Es ayudar a cada persona a conocer mejor su cuerpo, desarrollar sus posibilidades de movimiento y practicar con mayor conciencia.
Las posturas, los soportes y las cuerdas son herramientas extraordinarias cuando sabemos para qué las utilizamos.
Y ahí es donde comienza, para mí, el verdadero aprendizaje del yoga.
Este artículo tiene carácter divulgativo. La práctica de yoga en personas con escoliosis debe adaptarse a cada caso y no sustituye la evaluación ni el tratamiento médico o fisioterapéutico cuando sean necesarios.
