Cómo empezar a dar clases de yoga y vivir de ello, lo que he aprendido después de años enseñando yoga, dirigiendo una escuela y construyendo mi propio proyecto profesional.
Hay un momento en la vida de muchos practicantes de yoga en el que aparece una idea: «¿Y si pudiera dedicarme a enseñar lo que tanto me apasiona?».
Es una idea hermosa. Y puede convertirse en una profesión extraordinariamente gratificante.
Pero hay algo que me gustaría decirte desde el principio: amar el yoga no es suficiente para vivir de él. No lo digo para desanimarte. Todo lo contrario. Lo digo porque, después de años dedicándome profesionalmente a la enseñanza del yoga, sé que una de las mejores maneras de cuidar nuestra vocación es aprender a sostenerla.
De esa experiencia nace mi cuarto libro, Cómo vivir del Yoga, que acaba de publicarse.
Y quiero aprovechar su lanzamiento para compartir algunas reflexiones que considero fundamentales si estás pensando en empezar a dar clases de yoga.
1. Practicar yoga y enseñar yoga son dos cosas diferentes
Quizá llevas años practicando. Has realizado formaciones, asistido a talleres y estudiado con profesores que admiras. Todo ese recorrido es valioso, pero no te convierte automáticamente en un buen profesor.
Enseñar requiere desarrollar capacidades específicas: observar, comprender, comunicar, secuenciar y adaptar la práctica.
Cuando tienes delante a un alumno, no basta con saber cómo realizas tú una postura.
Necesitas comprender qué está ocurriendo en su cuerpo, qué dificultades encuentra y cómo puedes ayudarle.
Por eso considero que una buena formación de profesores debe enseñar mucho más que un repertorio de asanas, debe ayudarte a desarrollar criterio.
2. No necesitas empezar abriendo tu propio centro de yoga
Uno de los errores que podemos cometer al iniciar nuestra actividad profesional es asumir demasiados compromisos económicos antes de comprobar si nuestro proyecto funciona. Alquilar un local, acondicionarlo, comprar materiales y asumir gastos fijos puede resultar emocionante, pero también supone una responsabilidad importante.
Hay muchas maneras de empezar a enseñar yoga: colaborar con un centro, alquilar una sala por horas, ofrecer clases a grupos pequeños o trabajar con colectivos concretos.
Mi consejo es que empieces con una estructura que puedas sostener.
Antes de comprometerte con grandes gastos, necesitas conocer a tus alumnos, entender qué buscan y comprobar que existe una demanda real para lo que quieres ofrecer.
Crecer poco a poco no significa tener menos ambición, significa construir sobre una base más sólida.
3. Aprende a poner precio a tu trabajo
Hablar de dinero sigue resultando incómodo para muchos profesores de yoga, a veces pensamos que, si enseñamos desde la vocación, cobrar por nuestro trabajo debería ocupar un lugar secundario.
Pero una actividad profesional necesita generar ingresos suficientes para mantenerse.
Y el precio de una clase no debería calcularse únicamente a partir de los minutos que pasamos enseñando.
Detrás hay preparación, estudio, experiencia, atención al alumnado, desplazamientos, materiales, gastos e impuestos.
También hay horas de trabajo que nadie ve.
Si quieres vivir de enseñar yoga, necesitas conocer tus costes y aprender a calcular cuánto debes ingresar para que tu actividad sea viable.
La sostenibilidad económica no está reñida con los valores del yoga.
Al contrario: puede ayudarte a seguir enseñando durante muchos años.
4. Ser buen profesor no garantiza que lleguen los alumnos
Esta es una de las lecciones más importantes que he aprendido.
Puedes preparar clases extraordinarias, estudiar continuamente y dedicarte con enorme compromiso a tus alumnos.
Pero, si nadie conoce tu trabajo, será difícil desarrollar tu actividad.
Necesitas aprender a comunicar qué enseñas, a quién puedes ayudar y qué diferencia tu propuesta.
Eso no significa convertirte en alguien que no eres ni pasar el día vendiendo en redes sociales.
Significa encontrar maneras de hacer visible tu trabajo y establecer relaciones de confianza.
Una recomendación personal, una página web clara, un artículo útil o una colaboración con otro profesional pueden ser tan importantes como una publicación en Instagram.
Lo esencial es construir una comunicación coherente con tu manera de entender el yoga.
5. No confundas tener muchos alumnos con tener un negocio rentable
Cuando dirigimos una escuela, es fácil prestar atención únicamente al número de alumnos o a la facturación.
Pero ingresar más no siempre significa ganar más. Hay alquileres, suministros, herramientas digitales, impuestos, colaboradores y muchos otros gastos que debemos tener en cuenta. También necesitamos valorar nuestro tiempo.
Una actividad puede mantenernos ocupados desde primera hora de la mañana hasta última de la noche y, aun así, no proporcionarnos unos ingresos adecuados.
Por eso es importante aprender a revisar los números, organizar el trabajo y tomar decisiones.
No es la parte más romántica de enseñar yoga, pero sí una de las más necesarias.
6. Tu proyecto profesional puede evolucionar
Cuando empecé, no imaginaba todas las transformaciones que viviría mi manera de trabajar.
He desarrollado un centro presencial, una escuela online, programas de formación de profesores, cursos especializados y libros.
Cada proyecto me ha obligado a aprender algo nuevo.
Y también he tenido que revisar decisiones, modificar propuestas y adaptarme a circunstancias que no siempre podía prever.
Con el tiempo he comprendido que cambiar de estrategia no significa abandonar una vocación.
A veces es precisamente lo que necesitamos para protegerla.
No existe una única manera de vivir del yoga. Lo importante es encontrar un modelo que tenga sentido para ti, para tus alumnos y para tus circunstancias.
7. Nunca dejes de formarte, pero aprende también a gestionar
Seguir estudiando yoga es fundamental.
Sin embargo, acumular formaciones no resolverá por sí solo las dificultades de tu actividad profesional.
Además de profundizar en la práctica y la enseñanza, quizá necesites aprender sobre organización, comunicación, planificación económica, herramientas digitales o gestión de alumnos.
No tienes que dominarlo todo desde el primer día.
Pero sí comprender que enseñar yoga y dirigir una actividad profesional son responsabilidades diferentes.
Y ambas requieren aprendizaje.
Mi cuarto libro: Cómo vivir del Yoga
Después de publicar Yoga Kurunta con Gloria, Yoga Restaurativo con Gloria y Yoga Sutras con Gloria, he querido dedicar mi cuarto libro a una faceta diferente de mi experiencia.
Esta vez no escribo principalmente sobre cómo practicar yoga, sino sobre cómo convertir su enseñanza en una profesión.
Cómo vivir del Yoga nace de los años que llevo enseñando, creando proyectos, dirigiendo mi escuela, tomando decisiones y aprendiendo de mis propios errores.
No es un libro de fórmulas mágicas. Tampoco pretende convencerte de que abrir una escuela de yoga es fácil o de que basta con tener pasión para conseguir alumnos.
Es el libro que me habría gustado leer cuando comencé.
Una invitación a mirar con realismo, ilusión y responsabilidad lo que supone dedicarse profesionalmente a enseñar yoga.
Si estás pensando en dar tus primeras clases, si acabas de terminar tu formación o si ya enseñas y quieres desarrollar mejor tu proyecto, espero que encuentres en sus páginas ideas útiles y, sobre todo, preguntas que te ayuden a tomar tus propias decisiones.
Mi cuarto libro, Cómo vivir del Yoga, ya está disponible en Amazon.
¿Se puede vivir de enseñar yoga?
Sí, es posible.
Pero no existe un camino único ni una garantía de éxito.
Dependerá de tu preparación, de las necesidades de tus alumnos, de tu capacidad para organizarte, de tus decisiones económicas y de muchas circunstancias que irás descubriendo.
Por eso, si tuviera que darte un último consejo, sería este: No renuncies a tu vocación, pero tampoco descuides todo lo que necesitas aprender para convertirla en una profesión sostenible.
Porque amar el yoga es un comienzo maravilloso.
Aprender a vivir de enseñarlo es otro camino que también merece ser estudiado.
